Para descubrir lo extraordinario basta tener la mirada atenta y los sentidos alertas. Ver la realidad con ojos sorprendidos, escuchar los sonidos de la belleza, oler aromas de dulzura en los niños o en aquellos que tienen alma de niños, saborear la propia sonrisa frente a todas esas pequeñas cosas graciosas que nos toca vivir, observar, decir o compartir y sobretodo tocar esas cosas que parecen insignificantes, como un árbol rugoso en el camino o la suave cabeza de un perro que nos mueve la cola sin motivo aparente.
Este día también ocurrieron cosas no muy gratas, pero es mejor dejarlas en el olvido porque con el tiempo se perderán absoluta y completamente en la memoria, aunque un rastro del daño que provocan esas pequeñeces siempre se queda un poco en las entrañas.
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